EL LOBO COMO ESPECIE
El lobo (Canis lupus) es un miembro del orden de los
mamíferos conocidos como Carnívoros. Probablemente las características
más distintivas de los animales de este orden son sus largos y
puntiagudos dientes caninos o colmillos y sus afilados premolares
superiores y molares inferiores. Los carnívoros poseen un sistema
digestivo simple y sus garras son normalmente afiladas. Además, sus
clavículas son comparativamente pequeñas. Sus cerebros están altamente
desarrollados, por lo que estos animales están considerados más
inteligentes que la mayoría de los otros grupos.
Además del lobo, la familia de los cánidos también incluye el perro
doméstico, el coyote, las distintas especies de chacales y el dingo.
La
constitución del lobo indica inmediatamente su capacidad depredatoria.
Las 42 piezas de sus fuertes mandíbulas, su amplia caja torácica y sus
voluminosos músculos maseteros, que dan a sus ojos esa característica
forma almendrada, son fruto de una pragmática evolución al servicio de
sus funciones de depredador en la escala trófica.
Un lobo adulto puede tener una longitud de entre 100 y 120
centímetros, y una alzada a la cruz de entre 60 y 70 centímetros. El
peso varía entre 30 y 50 kilos, aunque se han encontrado ejemplares de
hasta 75 kg. Las hembras tienen unas dimensiones y peso inferiores a los
de los machos.
Las variaciones de tamaño entre unas subespecies y otras pueden
explicarse por las diferencias de temperatura de las zonas en las que
habitan. Hay una relación inversa entre la temperatura ambiente y el
tamaño corporal de un animal de sangre caliente. Aquellos animales de
regiones más cálidas tendrán una masa corporal menor que aquellos otros
que habitan regiones más frías (Bergman y Allen).
La edad del lobo en buenas condiciones de supervivencia puede alcanzar los 16 años.
En todo el mundo existen 32 subespecies del lobo, que se pueden englobar en cuatro grupos: lobos blancos (tundrarum en Alaska, albus en la región ártica europea), lobos rojos (pallipes en las zonas predesérticas de Eurasia), lobos grises (pambasileus en Alaska) y lobos pardos (signatus en la Península Ibérica, lupus en Eurasia). También existen otras especies dentro del género Canis lupus, que acogen a subespecies menores, en Norteamérica y la India.
El lobo es un superdepredador que ocupa, en su hábitat natural y sin
competencia del hombre, la parte superior de la pirámide nutricional.
Esto significa que se trata de un depredador que carece de competencia
externa para la regulación de su población, y que su crecimiento está
sólo limitado por:
- La disponibilidad de alimento suficiente en su territorio (los lobos pueden recorrer en itinerancia hasta cien kilómetros diarios).
- Las enfermedades que puedan diezmar su población
Cuando tiene lugar la aparición del hombre —también un superdepredador— la situación cambia, porque:
- El hombre considera al lobo un peligro para sí mismo
- El lobo y el hombre compiten en la caza de otros animales situados en una posición inferior dentro de la pirámide nutricional (jabalíes, corzos, cabras montesas, conejos).
- En situaciones de carencia alimentaria el lobo amplía los límites de su territorio natural de caza en busca de alimento, llegando a atacar ocasionalmente a rebaños de ovejas o cabras.
El
lobo es además un animal social, que vive fuertemente vinculado a un
grupo —manada—, que es la base de la estructura social. Dentro de esta
manada los comportamientos están fuertemente reglamentados en base a una
jerarquía estricta.
El lobo tiene una camada (en raras ocasiones dos) anualmente, de
entre tres a ocho cachorros. La loba amamanta a sus cachorros mientras
que el macho le alimenta a ella cazando y regurgitando la comida que ha
ingerido durante la caza. La lactancia dura alrededor de un mes.
Los lobeznos (cachorros de edad inferior a tres meses) son alimentados indistintamente por cualquier miembro de la manada.
Al cumplir los tres meses los lobeznos pasan a llamarse lobatos. Al
cabo de un año tienen ya la morfología de adulto. Al cabo de un año y
medio dejan de ser lobatos para pasar a ser lobos.
El
lobo, al igual que el hombre, es un ser eminentemente social. Un alto
porcentaje de su comportamiento está determinado por sus relaciones con
otros miembros de su especie con los que forma manadas con el fin de
obtener ventajas frente al medio de cara a la propia supervivencia.
Se puede decir que la unidad fundamental es la manada aunque, como
hemos visto, se dan casos de individuos aislados en busca de otros
individuos aislados con los que formar una nueva manada o, menos
frecuentemente, de otra manada en al que integrarse.
El aprendizaje del comportamiento social del lobo comienza desde el
momento de su nacimiento. Dentro de su propia camada se establecen
pronto roles de comportamiento bien definidos en los que unos individuos
prevalecen sobre otros por su carácter o su potencia física. Este
inicio resulta crucial para el posterior desarrollo de los individuos
porque determina inequívocamente el orden por el que se puede acceder al
alimento.
Ya desde los juegos de los lobeznos se puede apreciar cómo unos
dirigen, organizan o reprenden a aquellos de sus hermanos que tienen un
estátus inferior al suyo. Los individuos más apocados o más débiles
pueden quedar relegados del resto e incluso ser repudiados por la propia
madre si su debilidad es manifiesta.
Ambos
sexos cuentan con su propia jerarquía. Los individuos que ocupan la
posición más alta dentro de ésta se denominan individuos "Alfa", los
siguientes "Beta", y así sucesivamente. Los que ocupan la posición más
baja se conocen como "Omega". Dentro de la dinámica de la jerarquía se
presentan situaciones en las que un individuo reta a otro de posición
superior por razones alimentarias o reproductivas (ya que la jerarquía
gobierna también estos aspectos de la vida del lobo).
Según algunos estudios (Rodríguez de la Fuente) existe una fuerte
tendencia a la monogamia en las parejas de lobos. De hecho, dentro de la
doble jerarquía de los lobos (la masculina y la femenina), la pareja
reproductora de la manada es la dominante, es decir, el macho alfa y la
hembra alfa. Los demás adultos y subadultos de la manada no se
reproducirán a no ser que pasen a ocupar el puesto de dominante o que
abandonen la manada para formar otra independiente.
La principal actividad de la manada, la caza que le proporciona
alimentos, se hace en grupo. Durante las cacerías el trabajo está
perfectamente distribuido. El lobo es un animal en el que la resistencia
prima sobre la potencia. Por esta razón la táctica de caza consiste en
agotar a la presa, persiguiéndola hasta que su captura se hace posible.
El
control y la disciplina en la manada es fundamental para que esta caza
en equipo tenga éxito. Cuando despliegan un ataque sobre una presa, los
lobos no aúllan ni ladran, pero sí gruñen y llegan a castañetear los
dientes. Por el contrario, los perros suelen ser extremadamente
ruidosos, lo cual ha servido a veces para poder determinar la identidad
de los depredadores que han llegado a atacar rebaños domésticos (Grande
del Brío, Castaño, Gallego).
En el momento en que una manada se hace demasiado numerosa para que
el territorio que ocupa pueda sostenerla, se produce de forma natural
una disgregación de la misma. Uno o más individuos se separan de ella
para formar su propia manada, la cual deberá encontrar un territorio
propio que le proporcione las oportunidades de caza necesarias para su
subsistencia.
Se dan también casos en los que individuos solitarios, no integrados o
expulsados de alguna manada, vagan por las montañas, e incluso por
campos de cultivo, en busca de su sustento y de otros congéneres que
estén dispuestos a crear una nueva manada.
MORFOLOGIA
Canis lupus signatus es el nombre científico del lobo ibérico, la subespecie de Canis lupus
que habita nuestra península, descrita por Ángel Cabrera en 1907. De
los cuatro grupos en que por su pelaje se agrupan las 32 subespecies de
lobos, pertenece al de los lobos pardos.
En efecto, en su colorido dominan los tonos marrones, aunque existen
ejemplares más oscuros y otros más rojizos, estos últimos distribuidos
en el pasado principalmente en la zona sur del río Duero. Los individuos
jóvenes presentan generalmente tonalidades grisáceas muy apagadas
durante el invierno, mientras que en el verano tienen un característico
color marrón oscuro.
Las características principales que diferencian el pelaje del lobo ibérico del del lobo europeo son las siguientes:
- Manchas blancas en los belfos, llamadas "bigoteras",
- Líneas verticales negras o muy oscuras que recorren el frente de sus patas delanteras,
- Marca oscura a lo largo de su cola,
- Mancha oscura alrededor de la cruz, llamada "silla de montar".
Estas marcas son las que le han valido a la subespecie el nombre de signatus, que significa "signado", es decir, con señales o marcas.
El peso del lobo ibérico se encuentra entre el de los grandes lobos
europeos y norteamericanos y el de los lobos más pequeños que poblaban
el norte africano. Los machos adultos suelen superar los 40 kg. y las
hembras los 30. Además de esta lógica diferencia en el peso y tamaño y
en los órganos propios de cada sexo, machos y hembras se distinguen casi
únicamente por el volumen de la cabeza, en proporción marcadamente
mayor en los individuos masculinos.

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